El cierre contable que tomaba nueve días
Tres sistemas que no se hablaban y una conciliación manual cada mes. Construimos la capa que faltaba entre el ERP y la operación.
No adaptamos plantillas: diseñamos el sistema alrededor de tu proceso real y lo acompañamos hasta que está en producción funcionando.
Sin formulario largo, sin llamada previa. Tú eliges, nosotros respondemos.
Responde tres preguntas y te armamos el plan: las fases, cuánto toma cada una y qué recibes al final. Después, en una sesión de diagnóstico sin costo, aterrizamos tu caso y te enviamos una propuesta cerrada por escrito. Y si el capital es el freno, también hay una ruta para eso.
Elige lo que más se parezca a tu situación. No tiene que ser exacto.
Esto define cuánto trabajo de descubrimiento hace falta antes de construir.
Con fecha fija cambiamos el orden: primero lo que da valor, después lo demás. Y si el freno no es el tiempo sino el presupuesto, dilo: hay un plan para eso.
Tu plan va ya escrito en el mensaje: solo añade tu nombre, tu empresa y el horario que te acomoda. Una persona técnica te responde en menos de un día hábil para confirmar la reunión.
Arrastra el control para ver la diferencia. Es el mismo equipo, el mismo día y el mismo volumen de trabajo.
Cinco etapas. En cada una sabes qué recibes y cuándo. Si algo no va a funcionar, te lo decimos en la etapa uno, no en la cuatro.
Nos sentamos con quien hace el trabajo, no solo con quien lo dirige. Mapeamos el proceso como es hoy —con sus atajos y sus excepciones— y definimos qué tendría que cambiar para que valga la pena.
Prototipo navegable de las pantallas clave, arquitectura definida y presupuesto cerrado por escrito. Lo pruebas antes de que exista una sola línea de código de producción.
Cada dos semanas ves algo que funciona, no un informe de avance. Empezamos por el módulo que tu equipo usa todos los días, para que el valor llegue antes de que el proyecto termine.
Migración de datos, capacitación al equipo y acompañamiento en las primeras semanas reales. Un sistema que nadie usa es un proyecto fallido, aunque el código sea impecable.
Monitoreo, mejoras y nuevas funciones según lo que muestren los datos de uso. Y si prefieres que tu equipo tome el control, lo dejamos listo para eso: esa también es una salida exitosa.
Tres proyectos, tres problemas distintos. Las cifras están medidas contra la operación anterior, no estimadas.
Tres sistemas que no se hablaban y una conciliación manual cada mes. Construimos la capa que faltaba entre el ERP y la operación.
Una plataforma heredada que no aguantaba los picos. La reescribimos por partes, sin apagar la operación ni un solo día.
Una fundadora con el problema clarísimo y sin equipo técnico. Construimos el producto mínimo y lo llevamos al mercado.
Los nombres de los clientes se comparten en la conversación, con su autorización. Aquí describimos el reto y el resultado sin exponerlos.
No son valores de pared. Son las reglas con las que decidimos qué construir y qué no, en cada proyecto.
Usamos tecnología de frontera cuando resuelve algo concreto. La probamos, la medimos y la llevamos a producción — no la ponemos en la propuesta para que se vea moderna.
El software se diseña alrededor de tu proceso, no al revés. Nunca vas a tener que cambiar cómo trabaja tu equipo para que la herramienta funcione.
Cada función responde a la necesidad de alguien real: quien la usa, quien opera, quien decide. Lo que no le sirve a nadie, no se construye.
No entregamos y desaparecemos. Acompañamos la adopción y dejamos a tu equipo capaz de sostenerlo, con o sin nosotros.
Elegimos según el problema, el equipo que va a mantenerlo y el horizonte del proyecto. Si tu equipo ya domina algo, empezamos por ahí.
Que tu equipo pueda leerlo y mantenerlo. Una tecnología exótica es deuda técnica el día que nos vamos.
Que tenga comunidad y soporte a diez años. No construimos sobre cosas que pueden desaparecer.
Que el costo de operación sea previsible. Una arquitectura elegante con factura impredecible no es elegante.
Preferimos no darte una cifra de catálogo, porque tu proyecto no es de catálogo. Depende de cuánto proceso hay que entender, cuántas integraciones toca hacer y qué tan crítico es el sistema. Por eso empezamos con una sesión de diagnóstico de 60 minutos, sin costo: entendemos tu caso y te enviamos una propuesta cerrada por escrito, antes de que te comprometas a nada. Y si el capital es el freno, la conversación no se acaba ahí: pregúntanos por el Plan Constelación.
Un prototipo navegable en la semana 4 y el primer módulo en producción entre la semana 8 y la 14, según el tamaño. A partir de ahí, entregas cada dos semanas. Nunca vas a esperar meses para ver una pantalla.
Sí, desde el primer commit y en tu repositorio, no en el nuestro. También la documentación, los diagramas y los accesos a la infraestructura. Si mañana decides seguir con otro equipo, no hay nada que reclamar ni que migrar. La única excepción es el Plan Constelación, donde el producto queda a nombre de StelarSoft: eso lo sabes y lo firmas antes de empezar — nunca aparece después.
El alcance se cierra por escrito antes de construir y se factura por fases. Si durante el camino aparece algo nuevo, se cotiza aparte y tú decides si entra ahora o después. No existe la factura sorpresa al final.
Probablemente sí. Muchas de las empresas que nos escriben tienen el problema clarísimo y no el capital para pagar un desarrollo completo, y eso no las descalifica. Para eso existe el Plan Constelación: si el dolor que tienes lo tienen otras empresas de tu sector, lo construimos una vez y el desarrollo no lo carga una sola, y StelarSoft queda dueño del producto para poder ofrecerlo a las demás. Arma tu plan aquí arriba, elige «no tengo ese capital» y agenda la sesión: ahí armamos juntos las condiciones de tu caso.
La exclusividad, no la solución. El sistema queda en producción resolviendo tu problema y lo usas sin límite; tus datos son tuyos y te los llevas cuando quieras. Lo que no tienes es el derecho a impedir que otras empresas usen el mismo producto. Si más adelante quieres esa exclusividad o el código, se puede — y las condiciones quedan pactadas en el primer contrato, no negociadas cuando ya dependes del sistema.
Pueden llegar a tenerlo, y preferimos decírtelo de frente antes de que lo descubras solo. Tres cosas lo compensan: entras con seis meses de ventaja usándolo en exclusiva mientras se pule, la configuración y los datos con los que operas son tuyos y no viajan a nadie, y cada empresa que entra después fortalece el producto. Pero si en tu caso la herramienta ES la ventaja competitiva, no tomes este plan: ahí lo que corresponde es la ruta normal, con exclusividad y el código a tu nombre.
Es como preferimos trabajar. Entramos a tus repositorios, seguimos tus estándares y hacemos revisión de código cruzada. El objetivo declarado es que tu equipo termine el proyecto sabiendo sostenerlo sin nosotros.
Casi siempre sí. Empezamos con una auditoría del código y de los datos, y te decimos con evidencia qué se rescata y qué conviene reemplazar. Rescatar suele ser más barato que empezar de cero — pero solo lo afirmamos después de mirarlo.
Sí. Firmamos acuerdos de confidencialidad, trabajamos con los requisitos de habeas data y protección de datos personales, y podemos operar sobre la infraestructura que tu entidad exija, incluida infraestructura local.
Te lo decimos y no cobramos por esa conversación. Ha pasado: a veces el problema se resuelve ordenando un proceso o configurando bien algo que ya se tiene. Preferimos perder un proyecto antes que venderte uno que no necesitas.
La primera conversación es un diagnóstico, no una venta. Sales de ella con una opinión técnica honesta — incluso si esa opinión es que todavía no necesitas construir nada.